Reflexiones sobre la Sociología del Brexit

Por Will Davies.

Enlace al oríginal en inglés

1.  La geografía representa las crisis económicas de los 1970s, no de los 2010s .

 

Se vio clara y rápidamente que el voto por la Salida tenía niveles extraordinarios de apoyo en el NorEste de Inglaterra, recibiendo el 70% de los votos en Hartlepool y el 61% en Sunderland. Después se observó que Gales en general había votado por la Salida, especialmente en el Sur cerca de áreas como Newport. Cuando se analiza esta situación es fácil concentrarse en la historia reciente de la austeridad económica dirigida por los Tories[1], como si el enojo contra las élites y los inmigrantes fueran simplemente un efecto del recorte al gasto público de los últimos 6 años o (pensando de manera más estructura) del colapso del modelo británico previo a 2007 de crecimiento impulsado por el endeudamiento económico.

 

Pero también debemos considerar la historia a largo plazo de estas regiones. Estas son reconocidas como el histórico corazón geográfico del Partido Laborista, emplazadas cerca de minas de carbón y ciudades con armadoras navales. En efecto, fuera de Londres y Escocia, eran los únicos parches rojos[2] en el mapa electoral del 2015. No hay razón para pensar que dejarían de ser Laboristas si hubiera una elección este Otoño. Pero en el lenguaje de los geógrafos marxistas, no han tenido un “spatial fix[3] exitoso desde la crisis de la estanflación de los años 70. El Thatcherismo los destripó con la clausura de las minas y el monetarismo, pero no generó trabajos del sector privado para llenar las vacantes. Las inversiones empresariales que los neoliberales siempre creen que están por llegar nunca se concretaron.

 

La solución laborista fue la repartición de riqueza hacia estas áreas usando políticas fiscales: el back-office del sector público fue estratégicamente redirigido hacia el Sur de Gales y el NorEste de Inglaterra para aliviar los problemas de la desindustrialización, mientras que incentivos fiscales hicieron que el trabajo social de menor productividad fuera socialmente viable. Esto creó un Estado del Bienestar encubierto del que nunca se hablaba y que coexistió con una cultura política que desprecian la dependencia económica. Peter Mandelson hizo comentarios  diciendo que se puede confiar que las bases laboristas siempre votarán por el Labour Party “porque no tienen a dónde más ir” que reflejan esta actitud dominante. En palabras de Nancy Fraser, el New Labour ofrecía “redistribución” pero no “reconocimiento”.

 

Ésta contradicción cultural no era sustentable, así como la contradicción geográfica. Su “spatial fix” era de un corto-plazo relativo, ya que dependía de un incremento en la recolección de impuesto del SurEste [4] de Inglaterra y un gobierno de centro-izquierda que estuviera dispuesto a redistribuir el dinero de manera generosa (aunque discreta y también fracasó en uno de los rubros que los votantes por el Brexit más ansían: la dignidad de ser autosuficientes, no necesariamente en el sentido neoliberal, pero definitivamente en un sentido comunal, familiar y fraternal.

 

  

 2.  Las limosnas no crean gratitud.

 

De igual manera, parece improbable que en esas regiones (o en Cornwall o en otros espacios de la periferia económica) se sientan “agradecidas” hacia la Unión Europea por los subsidios. Saber que el éxito de tu negocio, tu granja, tu familia y tu región dependen de la beneficencia de liberales acomodados es poco probable que resulte en un sentimiento de satisfacción (ver el ensayo de James Meek en la London Review of Books sobre granjeros que se oponen a la UE mientras reciben enormes subsidios de su parte). Aún más extraño, se observa que las regiones con vínculos económicos  más estrechos a la UE en general (no solamente subsidios) son los que tienen más tendencia hacía la Salida.

 

Una cosa es que un banquero entienda que se “benefician de la UE” por cuestiones regulatorias, otra cosa muy distinta es alentar a poblaciones empobrecidas y culturalmente marginadas que se sientan agradecidos hacia las élites que los mantienen con limosnas mes tras mes. El resentimiento se desarrolla no a pesar de esta generosidad sino debido a ella. Esto no es para desacreditar lo que la UE hace en cuestiones de redistribución, pero señalar estas limosnas como una razón para quedarse en la Unión es psicológicamente y políticamente ingenuo .

 

En este contexto, el slogan de “retomar el control” fue un golpe de genio político. Funcionó en todos los niveles entre el macroeconómico y el psicoanalítico. Consideren lo que significa redescubrir el  control  a un nivel individual. Ser una persona sin control (por ejemplo, alguien que sufre de incontinencia o de un tic facial) es recibir bromas crueles, es ser potencialmente avergonzado públicamente. Reduce potencialmente la independencia de una persona. Lo que fue tan astuto del lenguaje de la campaña por la Salida fue que apelaba directamente a la sensación de vergüenza e inadecuación y promesa erradicarla. La promesa no tenía nada que ver con la economía o la política, sino completamente con el atractivo psicológico de la autonomía y del autorespeto. La estrategia política de Farage [5] fue tomar en serio a comunidades que habían sido tomadas a la ligera por una gran parte de los últimos 50 años.

 

Esto no necesariamente debe resultar en orgullo nacionalista o en racismo (aunque bien puede hacerlo), pero por lo menos significa que ya no se es objeto de mofa. Aquellos que se han reído de los “chavs” (como las estrellas millonarias de Little Britain) como argumento Rhian E. Jones en  Clampdown, cargan con parte de esta responsabilidad. La disposición de Nigel Farage de resistir las burlas de liberales metropolitanos (por ejemplo, en sus apariciones en Have I Got News For You) le han hecho aparecer valiente en los ojos de muchos partidarios por la Salida. No puedo escapar la sensación de que cada una de los comentarios engreidos, liberales y petulantes que Ian Hislop le lanzó en ese crecientemente agresivo programa aseguraban que la venganza sería aún más grande cuando llegara. Las burlas, de las que Boris Johnson [6] se ha beneficiado enormemente, deben parar.

 

3. El Brexit no estuvo impulsado por una visión del futuro

 

Una de las más acertadas opiniones que observé en el proceso del referendo fue este video producido por Adam Ramsey y Anthony Barnett de openDemocracy, en el que discuten su visita a Doncaster, otra de las áreas incondicionales para Labour. Eligieron Doncaster porque parecía que sería un área con una fuerte tendencia a la Salida y querían comprender qué mecanismos llevaban a esto. De manera crucial, encontraron que en contraste con el referendo por la salida de Escocia del Reino, el Brexit no estaba motivado por una esperanza por un futuro diferente. Por el contrario, muchos Salidistas creían que retirarse de la UE no cambiaría gran cosa, pero aun así querían salirse. He sospechado ya por bastante tiempo que en un nivel inconsciente, las cosas podrían ser aún más extrañas que esto:  las autolesiones que el Brexit podrían causar son parte de su atractivo. Ahora escuchamos que muchos votantes por la Salida están impactados por lo que hicieron, como si nunca hubieran realmente esperado que sus acciones trascendieran.

 

Esto se relaciona con un malestar cultural y político mucho más amplio, que también parece ser la principal razón del éxito de Donald Trump en EUA. Para aquellos que han abandonado toda esperanza del futuro, los movimientos políticos no necesitan prometer cambios realistas y deseables. Si acaso, son más reconfortantes y confiables si se basan en la idea de que el futuro ya no se puede salvar, ya que esto resuena más con las experiencias privadas de la gente. El descubrimiento del “efecto Deaton” en los Estados Unidos (una alza inesperada en la tasa de mortalidad entre las clases trabajadoras blancas) está ligado a un incremento entre el sobreuso del alcohol y opiáceos, y a las crecientes tasas de suicidios. También se ha mostrado que tiene una cercana correlación con las áreas geográficas que tienen el mayor  apoyo para Trump.  No conozco algún equivalente directo en el Reino Unido pero parece claro que, aparte de la retórica de “Gran Bretaña” y la “democracia”, Brexit nunca fue realmente presentado como un política viable y solamente como un impulso destructivo, mismo al que algunos seguramente se sienten culpables de haber sucumbido.

 

Thatcher y Reagan llegaron al poder prometiendo un futuro más brillante, mismo que nunca llegó más que para una minoría con acceso a capital económico y educación de élite. La propuesta populista contemporánea de hacer a Estados Unidos o Gran Bretaña “grandes otra vez” no está formulada en la misma manera. No es un compromiso o una plataforma política, y no es medida en términos de resultados. Cuando éstas declaraciones están hechas por gente como Boris Johnson, ni siquiera podemos saber si son en serio o no. Es más parecido al ofrecimiento de una alucinación colectiva en tiempo real que puede ser disfrutada como un videojuego.

La Campaña por Permanecer continuó dependiendo de predicciones y advertencias, esperando que eventualmente la gente se viera disuadida de “arriesgarse”. Pero para aquellos que ya se han dado por vencidos con el futuro, esto solamente es más retórica política. En todo caso, la práctica de modelar el futuro en términos de “riesgo” ha perdido credibilidad, como es evidenciado por el declive terminal de las encuestas como herramienta de control político.

 

4. Vivimos en la era de datos, no de hechos

 

Una de las quejas realizadas de manera más frecuente por lo comentaristas liberales, economistas y los expertos en los medios fue que la campaña del referendo se realizaba sin darle una importancia a la “verdad”. Esto no es realmente correcto. Se condujo sin darle importancia a los hechos. Para la gran frustración de la campaña por Permanecer, sus “hechos” nunca fueron aceptados mientras que los “hechos” de la campaña por la Salida (el más famoso de estos fue que el costo de permanecer en la UE es de £350 millones por semana) fueron aceptados ampliamente.

 

¿Qué es un hecho, exactamente? En su libro  A History of the Modern Fact, Mary Poovey señala que a finales del Siglo XV apareció una nueva manera de organizar y percibir el mundo con la invención del registro contable por partida doble. Este nuevo método es el de los hechos, representaciones [numéricas] que aparecen tanto independientes de contexto, pero también embonan mágicamente en múltiples contextos cuando y como sea necesario. Las bases para esta magia son que las medidas y metodologías (como técnicas de contabilidad) se vuelven estandarizadas, y luego tratadas como apolíticas, permitiendo que los números se muevan libremente en el discurso público sin dificultades u oposición. Para que esto funcione, la infraestructura que produce los “hechos” necesita ser vigilada cuidadosamente, idealmente mediante la centralización en las manos de las agencias de estadísticas o de universidades de elite (el ascenso de las agencias de encuestas en los años 30 ya presentaba un desafío a la autoridad de los “hechos” en este sentido).

 

La vigencia de este modelo probablemente se agotó hace tiempo. La politización de los hechos se vuelve aparente en cuanto se ve que que los medios empiezan a hacer un gran show sobre los HECHOS de una situación, por ejemplo en los boletines de “Fact Checks”. Los “hechos” sobrevivieron como la base autoritativa para la  deliberación pública y democrática a la mayoría de los 200 años que le siguieron a la Revolución Francesa. Sin embargo, la politización de las ciencias sociales, las métricas y la administración pública significan que los “hechos” que son producidos por las agencias estadísticas oficiales deben ahora competir con otros “hechos” que los contradicen. La deconstrucción de los “hechos” ha sido impulsada en parte por variedades de la teoría posmoderna desde los años 60, pero también es un efecto inevitable del intento (amado por el New Labour) de convertir la conducción política en un ejercicio puramente científico.

 

El intento de reducir la política a una ciencia utilitaria (la más común: la economía neoclásica) eventualmente resulta en que salga el tiro por la culata cuando la ciencia en cuestión se empieza a volver politizada. La idea de la “política basada en evidencia” ya tiene suficiente tiempo de existir para que sea aceptada credulamente y la gente entiende de manera tacita que frecuentemente involucra mucha “evidencia basada en la política”. Cuando el bando por Permanecer apelaba a los “hechos”, predicciones y modelos, esperaban que estos fueran juzgados fuera de la batalla política. De manera aún más absurda, parecieron imaginar que las opiniones de instituciones como el FMI serían vistos como”independientes”. Desafortunadamente, la economía ha sido un soporte tan crucial para la autoridad política de los últimos 35 años que es cualquier cosa menos apolítica.

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En vez de hechos, ahora vivimos en un mundo de datos. En vez de medidas confiadas y el uso de metodología para producir números, una desorientante cantidad de numeros son producidos por default para ser minados, visualizados, analizados e interpretados de la manera que se nos antoje. Si el risk modelling (usar nociones de normalidad estadística) fue la técnica que definió la investigación en los siglos XIX y XX, el análisis de sentimiento (o de opinión)  es el modelo que define a la era digital. Ya no tenemos representaciones estables y “factuales” del mundo, sino capacidades sin precedentes para sentir  monitorear lo que se está gestando, quien siente que, cual es la sensación general.

 

Los mercados financieros son en si mismos mucho más similares a herramientas de análisis de sentimientos (representando el humor de los inversionistas) mucho más que productores de “hechos”. Es por esto que fue tan absurdo mirar a los mercados de divisas y a los apostadores para observar la verdad de lo que podría pasar en el referendo: solamente pueden darnos sus sentimientos de lo que ciertas personas en cierto momento pensaban que iba a suceder en el referendo. Dada la ausencia de hechos confiables (en la forma de encuestas), solamente podían proveer un sentimiento de cómo los los inversionistas se sienten acerca del humor nacional británico; un sentimiento sobre un sentimiento. Conforme el 23 de Junio se transformaba en el 24, se volvía evidente que los mercados de preducciones son poco más que una representacion agregada de los mismos himores y sentimientos que uino podría detectad a través de tqitter.Su negocio no es el contar la verdd, sino de rastrear el humor.

 

5. El país menos “esclavizado” de la Unión Europea se deshizo de sus “grilletes”

 

Si la UE le ha traído beneficios a alguna nación europea, ha sido a Reino Unido. Gracias al escepticismo y paranoia de Gordon Brown, evitó el error catastrófico de la moneda única. Como resultado, ha tenido una libertad relativa para implementar las políticas fiscales que considera deseables política y socialmente. El hecho de que constantemente haya elegido políticas neoliberales no es realmente la culpa de la UE, exceptuando el Pacto de estabilidad y crecimiento. En contraste con los miembros sureños de la UE, Gran Bretaña apenas tiene ataduras de la que quejarse. En vez de eso, se ha beneficiado de la estabilidad económica, de un marco regulatorio internacional y el sentimiento de fraternidad cultural con los otros miembros. Uno podría incluso decir que, estando dentro de la UE pero fuera de la Eurozona, Gran Bretaña ha tenido el mejor trato de cualquiera de los Estados miembros durante el siglo XXI.

 

Esto es lo que se ha abandonado. Mientras tanto, naciones que se podrían genuinamente describir como “encadenadas”, que han sufrido golpes a su democracia como la imposición por la Troika de primeros ministros no elegidos  y se les ha arrancado su futuro gracias a la Unión Europea, miran al Brexit con incredulidad.

1. El Partido Conservador, tradicionalmente de centro-derecha. Hasta esta mañana, David Cameron, el Primer Ministro del Reino Unido, era el líder del Partido.
2. El Partido Laborista, tradicionalmente de centro-izquierda, es representado en la iconografía con éste color.
3. Término usado en la geografía marxiana. Se refiere a la capacidad y necesidad del capital por expandirse geográficamente para resolver los problemas de la acumulación de plusproducción.
4. Londres y las áreas aledañas.
5. Lider del United Kingdom Independence Party (UKIP), el principal promotor del voto por la Salida
6. Ex-alcalde de Londres por el Partido Conservador y uno de los principales candidator paa reemplazar a David Cameron.

 

Dr Will Davies

Académico y autor especialista en el neoliberalismo,  historia económica y sociología de la economía.

Co-director del Political Economy Research Centre.

Autor de los siguientes libros:

The Happiness Industry: How the Government & Big Business Sold Us Wellbeing (Verso, 2015)
The Limits of Neoliberalism: Authority, Sovereignty & The Logic of Competition (Sage, 2014)
The Emerging Neocommunitarianism – Political Quarterly 2012 (Winner of the Bernard Crick award)
The Political Economy of Unhappiness – New Left Review 2010

 

Traducción del Inglés de Emilio Porras

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